Primeros auxilios ante accidentes con armas

16 Febrero 2016

 

 

¿Qué son los primeros auxilios?

Los primeros auxilios son la primera atención o ayuda que recibirá un accidentado o enfermo por parte de una persona hasta la llegada de expertos facultativos. Recordemos que, sin un mínimo de capacitación en primeros auxilios, no es recomendable actuar, tanto por la salud del auxiliado y del propio auxiliador, pues una inadecuada intervención puede terminar de manera fatal para ambos. Es fundamental no intentar movilizar al auxiliado por nuestros medios, a no ser que la situación sea leve y consideremos que no produciremos un mal mayor. Ejemplo de estas actuaciones pueden ser las quemaduras o golpes producidos ante la rotura de un arma. En situaciones de mayor gravedad, se necesitará la presencia de un experto facultativo.

¿Tener o no un botiquín ?

Como en todas las órdenes de la vida, siempre es mejor prevenir que curar. Por eso, en las actividades relacionas con las armas de fuego no está de más llevar un botiquín de primeros auxilios para actuar como primera medida de intervención ante un accidente. Quemaduras por la salida de gases, cortes por vainas vacías y roturas de piezas son varias de las causas de heridas producidas por las armas de fuego. Un simple botiquín con lo básico (apósitos, desinfectantes, un rollo de vendas, cicatrizantes, gasas y cinta adhesiva) puede servirnos para proteger cortes, aliviar quemaduras, frenar sangrados y limpiar heridas. Esto es de suma importancia tanto en el campo de tiro, zonas cinegéticas aisladas y hasta en los propios lugares cotidianos de nuestra vida. No está de más llevar agua en abundancia, pues aparte de saciar nuestra sed puede servir para aliviar una quemadura de primer grado (quemaduras superficiales sobre la piel que producen ardor y dolor).

¿Qué hacer con el accidentado?

La primera medida de atención será no abandonar al auxiliado. Por varias razones: primero, porque conservar la calma ayuda a dar más seguridad al auxiliado; segundo, para alejar a los curiosos que puedan entorpecer nuestra labor; tercero, para impedir que la persona se sienta sola; cuarto, para tratar de dar abrigo y aliento al accidentado; y por último, porque de esta manera podremos evaluar el estado de salud del herido mientras esperamos la llegada de los profesionales.

 

Si el herido está inconsciente, tendremos que colocarlo de costado para que no se ahogue con su propia lengua o con posibles vómitos. Estando boca arriba y ladeando su cabeza hacia un lateral lograremos el mismo efecto preventivo. Si vemos que la persona palidece será un síntoma de poca circulación sanguínea hacia su cerebro, por lo que trataremos de mantenerlo en una posición más baja que la del cuerpo para que el cerebro reciba una buena circulación de sangre. En caso de presentar un rostro enrojecido, tendremos que hacer la maniobra en orden inverso. Recordemos que las secuelas en el cerebro son irreversibles y esta simple maniobra podría impedir un mal mayor.

 

La verificación de los signos vitales puede ayudar a que una persona se mantenga en un correcto estado de salud. Si falla la respiración, este problema puede derivar en un paro cardiorrespiratorio, así que en caso de sospechar que el accidentado presenta deficiencia respiratoria, lo verificaremos de la siguiente manera: poniendo nuestro rostro sobre su nariz para sentir si exhala y viendo y sintiendo el movimiento de su tórax. También colocado el dedo índice sobre la tráquea y la muñeca o zona radial verificamos su pulso. Un pulso normal en un adulto ronda las 60 pulsaciones por minuto. Si sobreviene el paro cardiorrespiratorio, tendremos que aplicar un masaje para estimular los músculos del corazón y que éste bombee sangre de nuevo. Este masaje también llenará de aire los pulmones, obteniendo finalmente una resucitación cardiorrespiratoria o R.C.P.

 

La posición de seguridad será fundamental cuando el auxiliador tenga que trasladarse para buscar ayuda. Al dejar solo al auxiliado, tendremos que asegurarnos de dejarlo en la posición de seguridad. Consiste en ubicar el cuerpo de la víctima con la cabeza de lado para que no se ahogue por su propio vómito en caso de producirse en nuestra ausencia. Para lograr esta posición, estando el auxiliado en decúbito dorsal, se flexiona una de sus piernas, extendiendo el brazo del mismo lado paralelo al cuerpo. El otro brazo se flexionará por delante del rostro quedando la mano del mismo sobre su mejilla contraria. Lograda esta posición, se llevará la mano del brazo extendido hacia debajo de su cuerpo, sirviendo ésta posteriormente como apoyo. Ya en estas condiciones, nos ubicaremos del lado de la pierna flexionada, tomaremos al auxiliado del codo del brazo flexionado sobre su mejilla y desde la cintura para tirar hacia nosotros el cuerpo. Al rodar sobre su brazo extendido, quedará en posición lateral, descansando su rostro sobre el dorso de la mano que anteriormente ubicamos sobre su mejilla. Para finalizar, la mano que quedó debajo de su cuerpo será retirada hacia atrás, es decir hacia su espalda, evitando que vuelva de forma involuntaria a la posición inicial boca arriba.

¿Cómo contener una hemorragia? usar o no un torniquete?

En actividades relacionadas con armas de fuego puede darse la desgracia de que nosotros o uno de los que están con nosotros reciba un disparo. En esta situación, seguramente no estaremos totalmente capacitados y tampoco dispondremos de los medios para enfrentarnos a un problema semejante. Ante una herida, lo primero que hay que tener en cuenta es: solicitar auxilio profesional, contener la hemorragia, aislar la herida por medio de un apósito, y limpiar la herida en caso de no recibir ayuda de personal idóneo. Las hemorragias se pueden clasificar como interna, externa y mixta. Es fundamental detener la hemorragia aplicando las siguientes medidas: si la hemorragia es importante, tendremos que mantener al herido acostado, mantener el cuerpo caliente, si la herida está cubierta de ropa, descubrir la misma, y si está en una extremidad, elevarla. Las formas de detener la hemorragia son: por compresión directa sobre la herida con un apósito o pañuelo; por presión indirecta, presionando con la mano y los dedos el torniquete o vendaje; por torniquete, el cual se aplicará lo más cerca posible de la herida, colocando un apósito sobre la misma y sujetándolo con un vendaje para luego cruzar cualquier objeto para retorcer el apósito. Una vez aplicado, se aflojará en adultos cada 15 minutos y para los menores cada 7 minutos.

Los puntos de presión idóneos de una arteria principal se encuentran cerca de la superficie cutánea y sobre una superficie ósea. Hacer presión sobre estas partes tiene como finalidad comprimir la arteria contra la superficie ósea, interrumpiendo así la corriente sanguínea. Ante una herida con arma blanca u otro objeto punzante, nunca intentemos sacar el objeto por nuestra cuenta, ni coser ninguna herida, ya que no estamos debidamente capacitados. Por último, cuando apliquemos un apósito para frenar el sangrado, no deberemos reemplazar el empapado por otro limpio, sino que siempre aplicaremos uno sobre otro. Y como norma general, no dar de beber al herido.

 

¡Cuidado!, es una técnica que solamente se realiza cuando todas las demás han fracasado al intentar detener una hemorragia, aun así, solo la puede realizar un profesional, sabiendo dónde se aplica (depende del tipo de hemorragia, si es venosa o arterial) y durante cuánto tiempo. Para que estas técnicas fueran efectivas, todo el mundo debería conocerlas, ya que en un caso dado, un ciudadano entrenado en primeros auxilios, puede salvar una vida, pero sabiendo cómo se hace.

¿Perdida del conocimiento?

El desfallecimiento es una pérdida incompleta del conocimiento. En este caso, la víctima presenta malestar general, sudoración fría, mareos y pérdida de estabilidad. En esta circunstancia colocaremos al auxiliado sentado, poniendo la cabeza contra sus piernas, o bien lo acostaremos con la cabeza más baja que el cuerpo, elevando sus piernas y masajeando sus pies. Así, lograremos una buena irrigación sanguínea hacia el cerebro. El desmayo o lipotimia puede sobrevenir después del estado anterior o de forma espontánea, aplicándose las mismas actuaciones que para el desfallecimiento. En el estado de shock todas las funciones del organismo sufren una depresión que hace que las tensiones orgánicas disminuyan o cesen de manera parcial. Este estado puede ser postraumático, por grandes dolores producidos por fracturas, hemorrágico, por grandes pérdidas de sangre, o por deshidratación. Los síntomas que presenta una persona en shock son: palidez en cara, mucosas y extremidades. Sudoración fría, pulso débil y rápido (pudiendo ser imperceptible), respiración irregular y superficial, apatía y frio. En este caso se actuará como anteriormente se mencionó y tratando de que sea atendido de forma inmediata para asegurar su buena salud en todos los casos, ya sea tanto para un herido o como para el que presenció un accidente y no soportó tal situación sufriendo un desfallecimiento o desmayo. Por último, en un estado de coma actuaremos manteniendo las funciones vitales respiración-circulación y trasladando inmediatamente a la víctima a un centro hospitalario.

 

¿Qué otras heridas o lesiones puede causar un arma?

Las heridas leves como quemaduras son producidas por gases despedidos de la deflagración de la pólvora o iniciadores que fueron perforados y que soplan en rostros y vista no cubiertos como también en manos y brazos. Cuando surja una ampolla nunca se reventará, sino que habrá que recurrir al médico para seguir sus indicaciones. Los ojos desprotegidos, en caso de verse afectados y de que un objeto extraño ingrese en su interior (de los tantos que desprende un arma de fuego al momento del disparo como partículas de latón, pólvora, plomo, etc.), no intentar sacarlo. Sólo proteger el ojo con un vendaje que no produzca presión. En caso de sufrir un golpe, aplicar hielo o un objeto frío.

Las lesiones de oído son otra constante de nuestra actividad. Son lesiones complejas y que muchas veces ocurren por no disponer de protección adecuada. En estos casos, sea grave o leve la lesión sólo queda recurrir a un especialista para que evalúe el daño y el posterior tratamiento. En caso de sufrir una hemorragia de oído, nunca tapar o detenerla.

 

Por ultimo… quiero dejar claro que puede parecer un texto escaso de recomendaciones pero hay que tener en cuenta que sólo es una referencia para situaciones y lesiones relacionadas a las armas de fuego y sólo válido para el ámbito civil y en menos grado profesionales de las armas. Pero aunque seguramente los profesionales de las armas, llámense instructores, policías o militares, recibirán entrenamiento específico sobre cómo actuar en estas circunstancias, esto no quita que estas acciones las puedan realizar un simple ciudadano con previa licencia de uso de armas.

En segundo lugar, es recomendable que todo tirador antes de solicitar el certificado médico de armas reciba un curso de primeros auxilios, no solo hay que saber provocar el daño, sino también auxiliar quizás a nuestros propios compañeros o familiares. Y sobre todo, no olvidar lo importante que es la prevención. Muchos accidentes ocurren simplemente por no seguir las precauciones de seguridad. Como médico, he tenido la penosa oportunidad de ver las desastrosas consecuencias de no seguir elementales medidas de seguridad. Yo diría que la mayoría de los tiradores son civiles, y ellos son justamente los que usualmente no tienen nociones de primeros auxilios. Ojala que no tengan que utilizar ese conocimiento.

Diana García Portillo

Médico CERTIMEDIC

Col. 51777

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