¿Porqué es imprescindible realizar la prueba psicotécnica destinada a medir la velocidad de anticipación para renovarse el carnet de conducir?

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Cuando hablamos de una conducción segura y responsable, debemos tener en cuenta que, tan importante como es la percepción del espacio, de las distancias, lo es en igual medida la percepción de la velocidad. Pero no se trata de calcular objetivamente la relación matemática entre espacio y tiempo, sino de una percepción subjetiva que nos permite establecer un pronóstico a partir de la información recibida a través de nuestros canales sensoriales.

Para realizar un buen juicio de velocidad, necesitamos entrenar a nuestro cerebro en factores tales como el movimiento, la aceleración y la deceleración. La vista nos informa sobre direccionalidad, rapidez o lentitud del movimiento, mientras que la información respecto a los cambios en el movimiento la percibimos a través de sensaciones de aceleración, deceleración y fuerza centrífuga.

Al conducir, debemos realizar estimaciones tanto de nuestra propia velocidad como de la de los demás. La velocidad propia la percibimos a través de la visión periférica. Desde un vehículo en marcha, la sensación de desplazamiento es mayor en la periferia del campo visual, porque los elementos periféricos, por la perspectiva, presentan un desplazamiento angular mayor que los elementos cercanos al horizonte. Sin olvidar que la zona periférica de la retina es más sensible al movimiento que la zona central.

Otro factor importante que influye en nuestra percepción es la adaptación visual a la velocidad. Si circulamos un cierto tiempo a120 km/h, al reducir a70 km/h tenemos la sensación de ir muy despacio, aunque esa misma velocidad nos parecerá bastante alta tras un atasco. Para contrarrestar el efecto de adaptación a la velocidad, en situaciones en que se requiere un cambio de un ritmo normal a una velocidad más baja, se adoptan medidas para modificar la percepción, como pintar franjas transversales a intervalos progresivamente más pequeños, que crean una ilusión de aceleración circulando a velocidad constante, que nos obliga a reducir nuestra velocidad.

Por lo que respecta a la percepción de la velocidad de los otros, si circulan en nuestra misma dirección es muy difícil hacer una estimación de su velocidad, dado que en ese caso no interviene nuestra visión periférica, y el desplazamiento angular de la imagen es mínimo. En estas situaciones, existe una tendencia a dejarse influir más por las propias expectativas que por los indicios visuales, a la hora de emitir un juicio estimativo.

A través de la prueba psicotécnica denominada Velocidad de anticipación, homologada en los Centros Médicos de Reconocimiento de conductores, se mide la capacidad de las personas para percibir velocidades, la cual constituye un aspecto muy relevante en la conducción, con importantes implicaciones para la seguridad vial, como por ejemplo, a la hora de mantener la distancia de seguridad, o de realizar un adelantamiento. La precipitación se considera una medida indirecta de impulsividad. El retraso puede utilizarse como una medida de lentitud de reacción en la percepción de un estímulo en movimiento. Tanto la precipitación como el retraso son aspectos fundamentales desde el punto de vista de la conducción.

M.Escriche, Psicólogo

Colegiado nº 11341

 

 

 

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